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Como ser libre de deudas

Muchos creyentes se preguntan, ¿cuál es el problema con endeudarse, cuando todo el mundo lo hace? El problema es justamente ése: la deuda es parte del sistema financiero del mundo; un sistema que el diablo ideó con el fin de mantenernos en esclavitud al mundo. (Deuteronomio 28:15, 43-44; Proverbios 22:7). 


Sin embargo, Jesús nos ha redimido de la maldición de la ley, y nos ha liberado para caminar en la plenitud de la BENDICIÓN DE ABRAHAM (Gálatas 3:13-14).

Quizá estés pensando: “Entiendo que las Escrituras nos indican que cancelemos toda deuda, pero ¿Cuán realista es pensar en tener un coche, una casa o cualquier otro cosa de valor que me guste, sin endeudarme para adquirirlos?”
Ésa es una buena pregunta, y por eso, queremos compartir contigo las siguientes verdades que hemos descubierto —y experimentado— en la Palabra de Dios.

1.    Decide salir de deudas y vivir sin pedir prestado.
Empieza por darle a la Palabra el primer lugar en tu vida, y hazla tu autoridad absoluta. Después, decide obedecer Romanos 13:8, creyendo que Dios suplirá todas tus necesidades y deseos. Determínate a ser una persona de un sólo ánimo (que piensa de una sola manera) (Santiago 1:8, 22-25)

, y luego medita en la Palabra (Salmos 1:1-3; Josué 1:8).


2.    Pon a Dios en primer lugar en tus asuntos financieros.

Decide que, sin importar lo que se cruce en tu camino, obedecerás la Palabra de Dios, diezmarás y serás un dador (Malaquías 3:8-12; 2 Corintios 9:6-15).


¡Las leyes del diezmo son la fundación para tu éxito financiero! (Consulta la confesión del ciento por uno más adelante).

3.    Cree que Dios te proveerá tu pan diario. (Mateo 6:11)

El pan diario se refiere al dinero que necesitas para cubrir las necesidades básicas de tu hogar cada día; en esta suma deben incluirse los diezmos y ofrendas. Pero no te engañes. Asegúrate de agregar al total de este “pan diario” un “colchón financiero” para otras cosas, (Por ejemplo: la cuota de pago para salir de deudas) además de cubrir tus diezmos, ofrendas y necesidades.
Y recuerda: no gires cheques sin fondos; es decir, por cantidades que tu cuenta bancaria no puede cubrir. Eso es fraude.

4.    Ponte de acuerdo con alguien en oración. (Mateo 18:19)

Ponte de acuerdo con tu cónyuge. Y si no estás casado, busca a un creyente firme en la fe que pueda ponerse de acuerdo contigo.

5.    Tómalo por fe.
Sigue los principios establecidos en Marcos 11:23-24. Cree en tu corazón y confiesa con tu boca que todas tus necesidades son suplidas, que eres libre de deudas, que las ventanas de los cielos están abiertas sobre ti, que recibes el ciento por uno en esta vida y administras tus finanzas con la sabiduría de Dios. (Proverbios 2:1-10, 3:13-18).


6.    Ata al diablo en el nombre de Jesús. (Mateo 18:18; Marcos 16:17; Santiago 4:7; Efesios 6:10-18)


En el nombre de Jesús, ordenale a Satanás y a todas sus fuerzas malignas que no interfieran en tus asuntos financieros. Cuando estés atravesando una crisis económica que involucra a la familia, es importante que la cabeza espiritual del hogar asuma el liderazgo para resistir los ataques del diablo.

7.    Desata las fuerzas del cielo en tus asuntos financieros. (Hebreos 1:14; Salmos 103:20)


Los ángeles de Dios son espíritus ministradores y ellos están a tu servicio para ayudarte en todo.

8.    Alaba a Dios por la manifestación de Su poder en tus asuntos económicos. (Salmos 9:1-4, 67:5-6, 68:19)


Vive del aumento o cosecha de lo que continuamente das. Alcanza el lugar en tu vida financiera donde los ingresos de tu trabajo o negocio se conviertan en tu semilla para dar. Mientras siembras, cree que recibes la cosecha abundante que Dios te ha prometido; serás de bendición para otros y te mantendrás libre de deudas. “Dios te bendecirá y hará que abunde en ustedes toda la gracia, para que siempre y en toda circunstancia tengan todo lo necesario, y abunde en ustedes toda buena obra” (2 Corintios 9:8).

La alabanza mantiene completamente abierta la puerta de la abundancia. Al no existir obstáculos en tu relación con Dios, podrás recibir Sus promesas.
Por último, es importante que te des cuenta, y que decidas vivir para dar (Efesios 4:28).

Mi confesión del ciento por uno
    Padre, Tu Palabra dice: “Aquel que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá los recursos de ustedes y los multiplicará, aumentándoles así sus frutos de justicia, para que ustedes sean enriquecidos en todo, para toda generosidad, que por medio de nosotros produce acción de gracias a Dios” (2 Corintios 9:10-11). 

 ¡Gracias Señor!
    Permanezco firme en Tu Palabra que dice: “Si alguno tiene oídos para oír, oiga” (Marcos 4:23)

 Por tanto, ahora mismo, tomo la decisión de recibir. Sé que recibiré y haré todo lo necesario. Sembraré —¡Siembro ahora mismo!—. Echo la hoz para recoger mi cosecha. Mi confesión se basa en la Palabra, y la declaro por fe.
    En el nombre de Jesús recibo ahora, por fe, el ciento por uno de la semilla que está en mi mano, la cual siembro en obediencia a la Palabra.
     En el nombre de Jesús, reprendo al devorador, Satanás. ¡Quita tus manos de mi dinero! Ésta no es tu semilla, ni tu tierra. Es mía y de Dios. ¡No te metas en mi jardín! ¡Quédate afuera de mi granja. La cosecha es mía!
    Señor Jesús, siembro en _____________________ (ministerio o iglesia) y creo que recibo la cosecha, pues Tú lo declaraste. La dedico a Tu servicio y a Tus propósitos, en Tu nombre. Se que se multiplicará como los panes y los peces cuando Tú aplicaste el principio del ciento por uno para alimentar a miles de personas, ¡Amén!

Referencias bíblicas: 2 Corintios 9:10-11; Marcos 4, 6:34-44, 10:29-30.


Kenneth Copeland