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 El Décimo Cuadro

 

 

Jesús dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente” (Juan 11:25-26). De cierto, de cierto os digo: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24).

10. LA GLORIOSA PARTIDA AL HOGAR

 

La muerte no infunde miedo ni tormento para el cristiano. “Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?... Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Cor. 15:54-57).

 

Una persona que ha vivido y caminado con Dios, no tiene miedo de la muerte. Cuando llegue el tiempo de su partida, irá con alegría, como el apóstol Pablo lo expresa, “Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor” (Fil. 1:23).

 

Un cristiano ansía ver el rostro de Jesús, quién murió por él y le redimió en la cruz. El Espíritu Santo también le recuerda las palabras de Jesús: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay ... vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:1-3). Antes bien, como está escrito: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Cor. 2:9). No hay lenguaje apropiado en la tierra por el cual uno puede explicar o describir la gloria de los lugares celestiales preparada para aquellos que andan en las pisadas de nuestro Señor Jesucristo aquí en la tierra.

 

 

En lugar del temible esqueleto (muerte) se ve en este último cuadro, al ángel o mensajero de Dios. Está esperando llevar al justificado espíritu de retorno a Dios. El alma y el espíritu están desprendidos de los lazos del cuerpo mortal y vuelan por las puertas abiertas del cielo al seno de aquel a quien su alma ha amado, por quien él vivió y murió sobre la tierra. Una bienvenida feliz le espera en la presencia de Dios donde es saludado por su Señor y Amo, con estas palabras de felicitación, “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor” (Mat. 25:21). Satanás ya no tiene poder sobre él porque “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos” (Sal. 116:15).  “Y oí una voz que desde el cielo que me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que   mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen” (Apoc. 14:13).

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