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El Séptimo Cuadro

 

Este cuadro revela la condición del corazón apóstata del hombre, después de que “Una vez fueron iluminados y gustaron el don celestial, y fueron hechos participes del Espíritu Santo, él ha recaído”. También muestra la condición de una persona que nunca se ha arrepentido o entregado, a pesar del hecho de que la verdad del Evangelio, llamada las “Buenas Nuevas” le ha sido presentada y revelada. Un hombre que endurece su corazón cuando Dios le ruega, se vuelve peor y peor a pesar de sus vanos esfuerzos de reformarse.

 

Concerniente al apóstata, Jesús mismo describió su posición cuando dijo “Cuando el espíritu inmundo sale del  hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí. Y cuando llega, la halla barrida y adornada. Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero” (Luc. 11:24-26) “Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno” (2 Ped. 2:22).

 

 

Estas escrituras claramente explican la condición del corazón de un pecador que no se ha arrepentido o de un apóstata. El pecado en todo su engaño ha venido otra vez para quedarse y para gobernar en el corazón. Aún su cara revela, hasta cierta extensión, la condición de su corazón. El Espíritu Santo, esa paloma gentil, se ve obligada a dejar el corazón, puesto que el pecado y el Espíritu Santo no pueden vivir juntos. Es imposible para el corazón ser templo de Dios, y al mismo tiempo una guarida de satán. El ángel, la Palabra de Dios, tiene que irse con tristeza, aun mirando atrás, esperando que él o ella aún puedan arrepentirse como el hijo pródigo, “Y deseaba llenar su vientre de las 

7. ELCORAZÓN ENDURECIDO APÓSTATA

 

 algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo” (Luc. 15:16-19). El padre, al ver a su hijo arrepentido, le perdonó y le restauró.

 

Pero en este caso en el cuadro, no hay señal de verdadero arrepentimiento, de volver a Dios, de buscar el perdón a los pies de Jesús. Su conciencia está como si fuese cauterizada con hierro candente “y está silenciada”. Tiene oídos pero no puede oír la voz suplicante de Jesús. Tiene ojos pero no puede ver el abismo sin fondo del infierno bostezando a sus pies. Ya no siente vergüenza de sus continuos pecados Satanás ha venido para gobernar en su corazón y está sentado como rey en su trono. Es posible que aún se alabe de ser decente y respetable en su aspecto exterior, de tener apariencia religiosa, como el sepulcro blanqueado, “Mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia” (Mat. 23:27).

 

El padre de las mentiras está ocupando el lugar del Espíritu de Verdad. Cada animal, cada pecado que ocupa su corazón está acompañado por un demonio especial y espíritu inmundo. Aunque él quisiera libertarse de estos atormentadores viles, le mantienen amarrado. “El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” (Heb. 10:28-29); (2 Ped. 2:1-14).

 

 

Si este cuadro corresponde con la condición de su corazón, querido amigo, clame a Dios, del fondo de su corazón. “Él puede salvar hasta el infinito”, y puede y quiere perdonar todos sus pecados, si Ud. viene en un espíritu de verdadero arrepentimiento. Él puede amarrar al diablo y a toda su hueste de las tinieblas y arrojarlos fuera de su corazón, siempre que Ud. quiera permitirle hacer. Venga como vino el leproso a Jesús y le dijo: “Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo Quiero, sé limpio” (Marcos 1:40-41). Pero si Ud. continúa endureciendo su corazón, y ama la oscuridad en lugar de la luz, no hay esperanza, no hay ayuda, porque Ud. está escogiendo la muerte en lugar de la vida  “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom. 6:23).

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