********Sexto*******

El Sexto Cuadro

 

 

 

Este es el cuadro triste de un retrógrada (retrocede). Un ojo está comenzando a cerrarse, mostrando que él está comenzando a enfriarse y adormitase en su vida cristiana, mientras que el otro ojo está mirando alrededor sin vergüenza, haciendo amor al mundo. La luz interior se ha hecho tenue, y los símbolos en su corazón que demuestran que él está listo para sufrir por Cristo, han disminuido y ya no están derechos. El está rodeado de tentaciones a las cuales gradualmente se está sometiendo en lugar de resistirlas.

 6. EL CORAZÓN TENTADO Y DIVIDIDO

 

 

En vez de  escuchar la voz de Dios, ahora comienza a escuchar las sugerencias sutiles y promesas vacías del tentador. Puede que aún  vaya a la iglesia, ocultando su mundanalidad bajo el manto de religión, el amor de Dios se ha enfriado en su corazón. Ha llegado a ser de doble mente, dudando entre dos opiniones. Está comenzando a coquetear con el mundo, mientras que aún pretende amar a Dios. La estrella en su corazón, la conciencia, se oscurece. La cruz ya no es llevada con una sonrisa, sino llega a ser una carga pesada y desagradable. Su fe comienza a fluctuar, cesa de estar en comunión con Dios en oración, se hace indiferente y descuidado acerca de la condición de su corazón y poco a poco hace campo para el tentador que acecha fuera de su corazón. Tiene placer en la compañía mundanal más que en el compañerismo con los verdaderos cristianos.

 

 

El espíritu del pavo real que representa el orgullo, comienza a buscar una entrada. Puede que se haya olvidado que fue salvo por gracia solamente, y llega a ser un cristiano orgulloso. La borrachera toca la puerta, buscando una entrada. Puede que en alguna ocasión especial, en la compañía de amigos mundanos, donde él tiene vergüenza de que se le considere excéntrico, débil o insociable, el diablo le diga esta única ocasión no dañará a su vida espiritual. Pensamientos y deseos carnales se dejan sentir. Quizás él comience a tener placer en los chistes inmorales, mirar una y otra vez con placer a las figuras inmorales, y tener placer en la compañía inmoral asistiendo a los salones de baile, lugares de diversiones cuestionables, devorando sugerencias malas del diablo que le dice que ésta es la naturaleza y que un pecado no es pecado.

 

 

En verdad, no podemos evitar que los pájaros salvajes del mal y los pensamientos impuros vuelen sobre nuestras cabezas, pero somos culpables si les permitimos que se posen sobre nosotros y hagan sus nidos en nuestros corazones, incubando sus obras malas. Si damos al diablo nuestro dedo meñique, es seguro que él agarre toda la mano arrastrando al alma y al espíritu al infierno eterno. Por lo tanto, la advertencia solemne de Dios a nosotros es huir de los deseos juveniles y no comenzar a jugar con el pecado, no importa en qué forma venga. Huya a Jesús, el Libertador, el Conquistador.

 

El hombre que se ve en este cuadro apuñalando el corazón, habla de los burladores y opositores del Cristianismo. Con sus lenguas calumniadoras y labios burlones apuñalan y hieren los corazones de los cristianos, ataques que un corazón dividido no puede sobrevivir. Comienza a temer a los hombres más que a Dios y por causa del temor de lo que el hombre diga o haga llega a ser el esclavo de los hombres, y se aparta de Dios. Ira y mal genio se muestran cuando hay dificultades y contratiempos, y fuerzan una entrada, esa serpiente mala de celo, el cual aparece cuando otros tienen éxito y prosperidad, entrará arrastrándose y sin hacerse notar, y si se le da un poco de oportunidad abrirá la puerta al odio y al orgullo.

 

 

Es tan fácil para el amor al dinero entrar solapadamente a nuestros corazones a no ser que prestemos atención a las advertencias de nuestro Señor Jesús cuando dice “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mat. 26:41). “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1Cor. 10:12). “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Ef. 6:11-18).

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